11.4.07

Hidratos de metano, bacterias quimiosintéticas y El quinto día

Podríamos pensar que la vida sólo puede desarrollarse en presensia de la luz del Sol. En este contexto los organismos fotoautótrofos, que utilizan el CO2 como fuente de carbono y la energía luminosa como fuente de energía, serían la base de la cadena alimentaria. Sin embargo, existen organismos que aún utilizando el CO2 como fuente de carbono, pueden obtener la energía de la oxidación de ciertas moléculas inorgánicas (son los quimioautótrofos). Es el caso, entre otros, de las metanobacterias. Gracias a estas metanobacterias podrán sobrevivir en medios sin luz organismos heterótrofos, constituyéndose alrededor de estas bacterias un mundo paralelo al que nosotros conocemos, tal vez más ampliamente extendido en otros momentos de la historia de la Tierra, pero hoy reducido a zonas muy concretas de nuestro planeta, los fondos oceánicos.

En los depósitos submarinos de hidratos de metano, estas metanobacterias constituyen el alimento de, entre otras, una especie de mejillones que nadie esperaba encontrar a profundidades de más de 500 metros; además alimentándose de estos mejillones podemos encontrar toda una serie de especies que constituyen una comunidad establecida al margen de la luz. El estudio de estas zonas ha puesto en evidencia un inesperado hervidero de vida.

Pese a que la mayoría de la información sobre los depósitos submarinos de hidratos de metano se refieren a las costas de EEUU y Japón, en nuestro país, en el Golfo de Cádiz, se han llevado a cabo investigaciones en este campo en el marco del proyecto TASYO

La importancia de los depósitos submarinos de hidratos de metano en particular, y de los gases hidratados en general, sobrepasa el interés biológico al que ya he hecho referencia. Los depósitos submarinos de gases hidratados, congelados habitualmente a las condiciones de presión y temperatura existentes a grandes profundidades oceánicas, constituyen una fuente de recursos de primer orden, pero además, el efecto del calentamiento global del planeta puede afectar a la liberación de los gases contenidos en los hidratos y, al mismo tiempo, verse influido por ello; por otro lado la estabilidad de los bordes del talud continental también puede depender de la desaparición de estas masas de gases hidratados que contribuyen a estabilizar el fondo , la desestabilización de los fondos oceánicos y los consecuentes deslizamientos (efecto Storegga) podrían provocar devastadores tsunamis como el acontecido en el Golfo de Cádiz en 1755 y que arrasó ciudades como Lisboa y Cádiz. (más información).
A partir de estos datos científicos arranca la novela El Quinto Día de Frank Schätzing, una novela de ciencia-ficción, cuidadosamente documentada, hasta dónde yo puedo apreciar y he leído, ya os contaré cuando la termine.

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2 comentarios:

Javier G. Calleja dijo...

No quiero destrozarte el final, pero en mi opinión, aún cuando tiene en principio buena documentación, es bastante flojilla.

Sergio Mestre dijo...

Bueno, pues .... ya te contaré mi opinión si termino de leerla